En 1974 abrió en Elche la Ferretería Antonio. Como tantos comercios de la época, era un espacio de todo un poco: herramientas, tornillería, y entre los estantes, algunas chimeneas. Nadie lo llamaba especialización, era lo que pedía el cliente.
Lo que nadie podía anticipar entonces es que precisamente esas chimeneas iban a convertirse en el centro de todo.
A principios de los 90, cuando España empezaba a sacudirse la austeridad y el diseño europeo comenzaba a llegar con fuerza a los hogares, Chimeneas Candela dio el paso que lo cambia todo: una exposición propia, diferenciada, en pleno centro de Elche. Ya no era un rincón de la ferretería, era un proyecto con identidad propia.
La apuesta fue clara desde el primer día: nada de productos de catálogo masivo, sino chimeneas y estufas de diseño europeo seleccionadas por su calidad y por lo que transmiten. No es un criterio comercial menor, sino una postura ante lo desechable.
El fuego no ha cambiado. Las chimeneas, sí
Hay algo en el fuego que resiste todas las épocas. La conversación junto a las llamas, la música de fondo, el libro que por fin se lee sin prisa. El fuego equilibra y ralentiza, y en Candela parten de esa convicción desde hace décadas.
La chimenea de hoy, sin embargo, no tiene mucho que ver con la de hace treinta años. Los modelos actuales ofrecen una vista de fuego limpia y generosa, son fáciles de usar y han eliminado los inconvenientes que durante mucho tiempo alejaron a tantos compradores: el humo, el mantenimiento, la obra.
El ejemplo más claro es la chimenea de bioalcohol, que no necesita salida de humos ni instalación compleja ni reforma de ningún tipo. Se puede colocar en cualquier casa, en un apartamento, en una reforma reciente, en espacios donde antes era impensable tener fuego real.
Cincuenta años después de aquella ferretería, Candela sigue en Elche, con el mismo nombre y con otra dimensión.